domingo, 2 de enero de 2011

9:45

Todas las palabras mueren a esta hora,
incluso las que todavía no duelen
mueren en las plazas, dentro de los tarros de leche, entre el pasto,
en cada sitio donde no estés,
ni yo tampoco.


*
Sería bueno que sonara una sirena
y nos matara
enterrandonos en la vida, de nuevo
al paso
sin mirarnos
sin preguntarse quienes somos

*
Sería bueno que sonara una sirena, y nos matara,
pero hoy, que llueve en tictactictac sobre las calaminas de las casas
que las gotas fermentarán las veredas,
que mi cuerpo huele a perro mojado,
tu no despertarás
y la sirena abrirá la boca,
se acabará todo!
al paso,
de prisa.


sin más.



*
Hoy llueve y la ciudad se confiesa,
y mientras caen los gotones,

formando pequeños rios incautos
debajo de mis pies,

tus palabras mueren
ahora mismo

de 10 en 10
de 100 en 100

según cuantas sepas

y mientras las avenidas cambian su negrura en palidez,

tu roncas

y la ciudad se enternece

y el viendo y sus vagabundos
abrazan su estructura de metal
su anatomía de barro sucio,

dejando hojas viejas en cada rendija


hasta tapar cualquier rastro


*
y así tu te quedas sin ver,
mientras fallecen tus palabras
soñando quien sabe que cosa,
esperando que la lluvia
que aún no cesa

se lleve tus huesos
vacíos y azules

al compás de las sirenas.

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