Es tan hermoso que me desespera,
tan glorioso que me tortura, que me duele.
Me gustaría matarme, matarlo, matarnos los dos, tirarnos de un precipicio juntos,
Acabar con la perfección de sus respiros,
con la geometría
exacta
invariable
maravillosa
de sus células,
y así,
solo así,
ya mortales,
fundirnos
(las eternidades que aguantes).
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